Tu hijo está en la edad en la que los dientes de leche empiezan a moverse para dar paso a las piezas dentales definitivas. No te asustes cuando llegue este momento, es un paso importante para ellos y tú debes mantener la calma.

Cuando los dientes de leche comienzan a moverse es porque el diente definitivo está empujando desde la raíz hasta que consigue aflojarlo.  A partir de este momento, se aprecia una movilidad muy notable y  que va en aumento hasta que llega la caída del incisivo.

Es muy común que se quede un hueco en la boca durante un tiempo mientras que aparece el diente definitivo. En el 99% de los casos, los dientes de leche se caen por si solos, pero si hay alguna complicación como que aparece el diente nuevo por encima o por debajo de el de leche, o se empieza a inflamar la encía porque por mucho que presione el definitivo no consigue mover al temporal, la mejor solución es acudir al dentista.

El ratoncito Pérez

Creer en un ser mágico ayuda a los niños a que vean la caída del diente como algo positivo y esto les permite que no se angustien ante el dolor o la caída. Se sienten contentos con la idea de que van a obtener un regalo a cambio de su diente. Por otro lado, son conscientes de que están haciéndose mayores, y eso les gusta. Si el regalo se lo dieran los padres no provocaría el mismo efecto, ya que ellos saben que al igual que sus “papis” les dan caprichos se los quitan si se portan mal. El ratoncito Pérez mantiene la ilusión y la alegría de ser niño.

¡Que tengan esa inocencia durante mucho tiempo!

 

Es importante enseñarles que el diente no se debe mover demasiado y que hay que evitar tocarlo con las manos sucias, ya que puede producirse alguna infección. Es mejor que el movimiento del incisivo sea con la lengua, es más suave y no hace ningún tipo de daño a la encía. No hay que arrancarlo. Hay una vieja costumbre de quitar los dientes, coger un hilo, atar el diente a la manivela y tirar. Este viejo truco no es recomendable. Es mucho mejor dejar que el diente siga su propio curso y se caiga cuando deba caerse. Arrancar el diente puede atraer algunas consecuencias tales como:

  • Hacerle daño al niño al arrancar el diente.
  • No tirar bien y que el incisivo no se quite de manera adecuada y pueda quedar algún rastro del diente en la encía.
  • Al arrancarlo con demasiada fuerza se puede crear una herida en la encía e infectarse.
  • Las manos contienen bacterias que pueden llegar a infectar las encías.

 

Hay que convencer al niño para que tenga paciencia y espere a el momento en que el diente quiera y necesite caerse.

Recordad que si hay algún tipo de problema se debe acudir al dentista lo antes posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

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